Tuesday, May 1, 2007

Haschisch

This poem Haschisch (original spelling, as a transliteration of the Arab word for the aromatic herb) by Jose Marti was an object of cult during my youth in Cuba.
The government has forbidden it, and I remember checking out tomes and tomes of the work of Jose Marti where this poem and his views on (and against) communism and socialism had been edited out of the books.
A communist government not only edits history as it is convenient for the tyranny at any given time, it also will edit the patrimony and culture of a nation to achieve a certain aculturalization that allows them to impose their alien ideas on the populace.
I met once a guy (I can't remember his name for dear life) who was a pretty good guitar player who was working on puting some music to this poem. His music was a powerful combination of flamenco and rock, and I heard a couple of versions of it, but he was having some trouble with the metric and the superimposition of voice and instrument. I don't think that he ever finished, and actually I remember talking to him about using some non conventional percusion even with the inclusion of a powerful rock bass and guitar: he should use Arabic percussion for this work, tambourines, woods, bells, triangles, and berber drums. He was particularly taken by the idea, but we lost contact -I was leaving Cuba, and I don't know whatever happened to him.
But maybe someone knows.... The Arabizing and Arabesque musical influences on his guitar work had given him the knickname of Habibi, or loved one in Arabic. Does any of y'all know him?
I am sure Manuel Tellechea has done a good translation of the poem and can tell us more about its history....

Haschisch

Arabia:--tierra altiva
Sólo del sol y del harem cautiva.
Cuando la infame Tierra abre su seno
Al árabe, engendrado
De ardiente arena y sol enamorado,
Y el seno, de miserias viles lleno,
Fango sangriento al árabe ha mostrado,
Lo eterno anhela, el árabe suspira,
Los ojos cierra a la verdad, y llora
Dulce llanto de amor a la mentira,
Y el alma ardiente de la tierra mora
Duerme para vivir, pues--viva--la ira
En su pecho más loca se levanta
Que la idea de amor en sus mujeres
Y el canto de pasión en su garganta.

¡Amor de mujer árabe!--La ardiente
Sed del mismo Don Juan se apagaría
En un árabe amor, en una frente
De que el negro cabello se desvía,
¡Como que ansia de amor eterno siente,
Y a saciarnos de amor nos desafía!

¡Oh! viven en aquellas
Magníficas doncellas,
Las trovas no escuchadas,
Las horas no sentidas,
Y lágrimas de amor aún no lloradas,
Y fuentes de hondo amor aún no sabidas;
En ellas, las huríes,
Por cada rayo de su sol un beso
Con sabor de azahar y de alelíes;--
¡Y en ellas, lo imposible
De una hoguera de luz nunca extinguible!

La vida es el amor--donde la tierra
Por los solares besos fecundada,
Pensiles ha por hijos, en que encierra
La fragancia y la luz de una alborada;--

La vida es el amor--donde de amores
Del tibio sol y arábigas arenas,
Hasta el desierto mismo nacen flores
Con palmas leves de murmullo llenas;--

Y allí donde si el sol desapareciera
Del beso de una hurí renacería,
Prendida dejo el alma pasajera
Y la vida es amor:--¡Oh! ¡quién pudiera
De una mora el amor gozar un día!

No es estatua de lánguida figura
El alma de un poeta:
Es un sol de dolor: alma sin cura
De universal enfermedad secreta:--

En sí tiene el hervor, en sí esta fiera
Ansia que en beso incomparable invoca
Que, dado en una vez, arda en su boca
Más allá de las horas en que muera:--
¡Oh! ¡Pobre alma dormida
Sin este beso eterno sacudida!

Una árabe que besa,
Es labio de mujer, donde nos cumple
La eternidad al fin de una promesa:--

¡Oh! si mis labios pálidos rozara
una arábiga boca, donde arde

Cuando se imprime, el fuego del Sahara,
Mientras no es ida, el fuego de la tarde:--

Si esta mejilla sin color,--hundida
Al espantoso beso
Que con los huesos de su boca, impreso
En cara y corazón deja la vida,--

Si este espíritu luce enamorado
Del armónico amor, en mí sintiera
Ese beso de una árabe, engendrado
Al fecundo calor de una quimera;--

Si el alma de una mora, a hierro impío
Del tiránico afan encadenada,
Viniera a calentar el pecho mío,
Y dejara en mi boca fatigada
Un beso como el fuego del Estío
Largo como el dolor de esta jornada,--

Yo no sé qué dulcísima ternura
Este árido cerebro llenaría:
Yo no sé qué colores esta oscura
Virge de mi alma casta vestiría;
Qué luz como esta luz--¡oh, qué ventura
De una mora el amor gozar un día!

Chimenea encendida
Al frío corporal vuelve la vida:
¡También de un beso al fuego,
El muerto de vivir, renace luego!

Nadie sabe el secreto misterioso
De un beso de mujer: yo lo he sabido
En un arrobamiento luminoso
Extra-tierra, extra-humano, extra-vivido.

Cuando todo lo férvido dormita,
Cuando todo lo imbécil gigantea,
Cuando la languidez sólo se agita
Y por nuestra alma mísera pasea,--
Hay algo más hermoso que una noche
De enero de mi patria en las llanuras;--
Más dulce que un dulcísimo reproche
Lleno de confusión y de locuras,
Con que un trémulo labio
Culpa y perdona su amoroso agravio;--
¡Hay algo como en sueños
Nos pareció escuchar, algo que ha sido
Verdad, aunque fue sueño, porque deja
Partida la verdad, cierto el sonido.--

Un rayo que refleja
Muy suave claridad,--una dulzura
Que todos nuestros átomos orea,
Y una especie de aroma de ternura
Que sobre nuestros labios titubea!--

¡Un beso de mujer!--Pues ¿cómo ha sido?
Todo lo venturoso ha renacido,
La redención espléndida amanece,

Esénciase el cadáver, y en el punto
Hermano siglo y siglo de un difunto,
¡O me engaño--¡oh ventura!--o me parece
Que do el difunto fue, la yerba crece!

¡Un beso de mujer!--Yo lo he sabido
En un muy dulce instante extra-vivido.--
El árabe, si llora,
Al fantástico haschisch consuelo implora.
El haschisch es la planta misteriosa,
Fantástica poetisa de la tierra:

Sabe las sombras de una noche hermosa
Y canta y pinta cuanto en ella encierra.--

El ido trovador toma su lira:
El árabe indolente haschisch aspira.

Y el árabe hace bien, porque esta planta
Se aspira, aroma, narcotiza, y canta.

Y el moro está dormido,
Y el haschisch va cantando,
Y el sueño va dejando,
Armonías celestes en su oído.

Muchos cielos ha el árabe, y en todos,
En todos hay amor,--pues sin amores,
¿Qué azul diafanidad tuviera un cielo?
¿Qué espléndido color las tristes flores?

Y el buen haschisch lo sabe,
Y no entona jamás cántico grave.
Fiesta hace en el cerebro,
Despierta en él imágenes galanas;
El pinta de un arroyo el blando quiebro,
El conoce el cantar de las mañanas,
Y esta arábiga planta trovadora
No gime, no entristece, nunca llora;
Sabe el misterio del azul del cielo,
Sabe el murmullo del inquieto río,
Sabe estrellas y luz, sabe consuelo,
¡Sabe la eternidad, corazón mío!

El árabe es un sabio:
Cobra a la tierra el terrenal agravio.
Y en tanto,--el encendido
Vigor de este mi espíritu potente,
Me quema en mí y esclavo y oprimido
Tormenta rompe en la rebelde frente:--

Y en tanto--de mi espíritu el deseo
De aquello lo invisible se enamora
Y se abrasa en mí mismo, y ¡me devora
Buitre a la vez qye altivo Prometeo!--

¡Amor de mujer árabe! despierta
Esta mi cárcel miserable muerta:
Tu frente por sobre mi frente loca:
¡Oh beso de mujer, llama a mi puerta!
¡Haschish de mi dolor, ven a mi boca!

José Martí
Revista Universal, México, 1 de junio de 1875.