Friday, February 29, 2008

Casañas: Gorki, a golpe de huevos y guitarra....

Puede afirmarse que definitivamente no conoce la tangente, su viaje es corto, prefiere dirigirse velozmente al centro del meollo, sin rodeos, convencido. No le interesa ir a Bolivia en una romántica peregrinación justificada por amantes de un asmático mito, poco le importa. De nada sirvió lo obligaran a gritar cada mañana que quería ser como él, Gorki es como es, con virtudes y defectos. Un muchacho al que muchos protegidos por la barricada de la cobardía, pudieran calificarlo de loco, suicida, estridente como su música y hasta vulgar. ¿Cuál es el lenguaje de los cultos? Manos alzadas, aplausos, movimientos positivos de la cabeza hasta marcar huellas con su quijada inferior sobre el esternón. Palabras tan vacías como estériles que al final no dicen nada y siempre llevan como coletilla ese rancio concepto de qué, son expresadas con la intención de salvar la patria y construir el socialismo. Él, no, está plenamente convencido del fracaso en ese burdo intento por construir algo que fue importado y lo dice sin culipandeos, y de qué manera.

El año pasado le dediqué unas líneas, hoy reincido, creo que vale la pena prestarle atención. En nuestra granja conviven varias especies y cada cual se encuentra en la absoluta libertad de elegir a sus héroes o, simplemente convertirse en fan de cualquier estrella, mi balanza se inclina por este muchachito. ¡Tengo, vamos a ver! Como dijo el poeta sin predecir que al final del camino no tendríamos nada. Tengo para elegir, disidentes fotogénicos que siempre aparecen retratados en la sala de su casa. Tengo disidentes carentes de fotografías, no hubo tiempo para accionar la camarita antes de que los guardaran en sus jaulas. Conocemos sus rostros cuando son obsequiados como regalitos y son montados en un avión que los llevará a casa del carajo. Tengo gente muy culta que en un arranque de soberbia hermafrodita, se arrancarán una pluma del cuerpo para escribir en contra de ese muchacho, esto es algo muy común en aquella granja y sus jaulas en el extranjero.

Ya ha ocurrido, ¡es soez!, gritan alocadas. Sin embargo, acabo de repetir la entrevista que hace solo unas horas le hicieran a este muchacho, y su manera de expresarse dice lo contrario. Su conversación es pausada, fluida, muestra dominar muy bien nuestro lenguaje, algo extravagante para nuestros tiempos cuando escuchas a los demás. Sabe perfectamente lo que desea trasmitir sin acudir a la vulgaridad. Puedo afirmar que es bastante modesto a la hora de juzgar a sus prójimos, especies actuales y en proceso de extinción dentro de aquella granja. Trata de justificar nuestros miedos, los de aquella gente que lo antecedieron y dice que los tiempos son diferentes. Tiene razón, todo se encuentra en constante movimiento y evoluciona por la dinámica y leyes de la propia vida. Pero el cuerpo no ha cambiado y donde antes estaban los huevos, allí mismo se encuentran ahora. Que no se llame a engaño, hubo casos de rebeldía en ese casi medio siglo pasado, solo unos cuantos trascendieron y viajaron con el tiempo.

Otros claudicaron y su rebeldía fue apagada a golpe de Ladas, viajes al extranjero, grabaciones, programas de televisión, etc.
Cuando lo observas hablar, te encuentras de pronto ante dos Gorki, se establecen pausas entre el ser y la conciencia. El ser habla en una entrevista, la conciencia se manifiesta abiertamente en el escenario y dice lo que tantas veces deseamos escuchar. Poco importa si el lenguaje es vulgar, ¿no lo es quién lo oprime?, ¿cuál es la diferencia entre la mala palabra oportuna y el garrote del verdugo golpeando la espalda? La primera hiere el tímpano de los oídos y viaja hasta el cerebro, allí se mantiene en oculta hasta que un día decide escapar. La segunda duele en el lomo, te puede marcar por un tiempo y desaparece, pero el odio provocado se mantiene vivo por siempre, el odio es mucho más dañino, el golpe es vulgar.

Escogió un género musical que siempre te abandera como enemigo, poco exigente tal vez a la prosa y rima divina, pero que bien explotada se convierte en arma, eso ha sido y será el rock en el paraíso del son y la timba. Poco poético, exclamarán aquellos superdotados con oídos débiles al sonido estridente y, agudos molestos cuando se rasca con soberbia una guitarra eléctrica y luego, el sonido es acompañado de una malapalabra. Resulta ofensivo, dirán travestidos desde micrófonos y escenarios. ¿Y si se les diera la oportunidad de ser como ellos desean, no cambiaría la letra? Eso es lo que ellos buscan, el espacio arrebatado a sus vidas entre dogmas y consignas.

¡Tengo! Dijo aquella vez el poeta soñador sin consultar cuando menos a un astrólogo. Tengo, digo yo, un pueblo que saldrá a manifestarse en contra de ese chico, una turba que tratará de lapidarlo sin enojo por alcanzar un mérito y luego comprar un televisor. Tengo una manada de ovejitas sordas que solo gustan mover el culito al ritmo de la timba, dispuestos a la cacería de todo aquel que se aparte de la manada. Cuando eso ocurra, se habrá castrado los testículos más grandes portados alguna vez por un joven. Porque eso es Gorki, un par de huevos con brazos capaces de arañar una guitarra. No nos engañemos, con unas cuantas decenas de Gorki, la pachanga no hubiera durado tanto tiempo. La letra de una canción es más corta que todos esos mamotretos que hoy viajan por el caber espacio, es más corta y dice mucho más. Estoy convencido que solo en las espaldas de esos jóvenes, descansará el destino de nuestra tierra, ellos luchan su yuca a su manera.

Esteban Casañas Lostal.
Montreal..Canadá.
2008-02-29